Trenes, murales, grafiteros y banjos

 

Nunca había oído hablar de la artista visual Margaret Kilgallen hasta que, hace unos meses, descubrí un reportaje corto sobre ella en el programa Art21 de la web de la PBS. A decir verdad, sin pensarlo demasiado, tampoco recuerdo haber estado en especial comunión con ninguna manifestación de pintura contemporánea. Sin embargo, al ver este vídeo en concreto sentí una gran empatía hacia todas y cada una de las reflexiones que la propia artista hacía sobre su trabajo.

Tras el visionado y preso de la emoción por haber presenciado algo revelador, corrí a buscar más información acerca de ella en la red. Mi emoción se transformó en tristeza al leer las circunstancias de su prematura muerte en 2001. Según su entrada en Wikipedia, Kilgallen había fallecido en 2001, a los 33 años, debido a complicaciones por un cáncer de pecho, tres semanas después de dar a luz a Asha, la hija que tuvo con su marido y colaborador Barry McGee.

Conociendo estas circunstancias dramáticas y escuchando sus inspiradas palabras en el documental, es inevitable no crearse una imagen un tanto romántica de lo que fue y consiguió como artista. Pero está claro que, más allá de las idealizaciones de su persona, su obra artística respira honestidad, autenticidad y vitalismo por los cuatro costados.

Margaret Kilgallen y su marido Barry McGee, colaboradores en más de una ocasión, se agrupaban en torno a un grupo de artistas del área de la bahía de San Francisco que abrazaban sin concesiones toda la cultura del DIY, el graffiti y el arte urbano en general. Uno de los aspectos que más me gusta de su obra es cómo aúna en ella un gusto por la tradición del arte folk americano y el estilo cartoon con el arte urbano y el graffiti. Hay en todas sus manifestaciones artísticas un claro gusto por el pasado: era aficionada a tocar el banjo y a la música tradicional americana. Entre sus fuentes de inspiración encontramos a muchas mujeres dedicadas a la música que, como dice ella, no todo el mundo conoce, pero que crearon pequeñas cosas que le llegaron al corazón.

Sus dibujos en ocasiones forman parte de grandes murales y en otras están ejecutados sobre pequeños trozos de cartón o fotografías. En ellos destaca el uso de colores cálidos, influencia de los trabajos de artistas mejicanos y del Indian Folk Art. En sus murales, figuras humanas se mezclan con diferentes estilos tipográficos y con su interés por la señalética, que le viene de su formación en artes gráficas, así como de su experiencia como conservadora y encuadernadora en la librería pública de San Francisco.

Aunque protagonizó multitud de exposiciones, su trabajo muchas veces traspasa las fronteras de las galerías. Y es que, bajo el pseudónimo de Matoki Slaughter1 (homenaje a su gusto por la música folk americana de raíces), también practicaba el arte del graffiti, al igual que su marido, Barry McGee, respetado graffitero del área de la bahía de San Francisco. En el reportaje se les ve deambular entre ferrocarriles de mercancías comentando las firmas que encuentran en alguno de los vagones. Esta tradición de “firmar” en los vagones se remonta a finales del siglo XIX, cuando tras la guerra de Secesión y con la expansión de la red ferroviaria, una masa de desempleados se lanza a la carretera en busca de trabajo. Es el auge de la legendaria figura del American Hobo.

El tren, especialmente el de mercancías, que iba a menor velocidad que el de pasajeros y al que resultaba más fácil subir en marcha sin pagar billete, proporciona al hobo movilidad en su deambular en busca de trabajo. Así, estos jornaleros nómadas desarrollan todo un lenguaje de signos con los que firman en los vagones para comunicarse unos con otros. Se trata, en definitiva, de otra conexión de Margaret Kilgallen con una tradición que influiría poderosamente en su trabajo.

En un momento como este siglo en el que todo se organiza en ceros y unos me gusta pensar que hay artistas como ella que reivindican la belleza de hacer las cosas imperfectamente, con tus manos. Y creo que no es simplemente caer en la pura nostalgia de admirar algo que está en desuso, sino darse cuenta de que el progreso, a pesar de traer elementos inequívocamente positivos, también barre otros que habiendo sido innatamente nuestros están alejándose poco a poco de nuestra naturaleza.

“I like things that are handmade and I like to see people’s hand in the world, anywhere in the world; it doesn’t matter to me where it is. And in my own work, I do everything by hand. I don’t project or use anything mechanical, because even though I do spend a lot of time trying to perfect my line work and my hand, my hand will always be imperfect because it’s human. And I think it’s the part that’s off that’s interesting, that even if I’m doing really big letters and I spend a lot of time going over the line and over the line and trying to make it straight, I’ll never be able to make it straight. From a distance it might look straight, but when you get close up, you can always see the line waver. And I think that’s where the beauty is.”

(Margaret Kilgallen)

Jaime Quinto, Barcelona, 22 de noviembre de 2010


1 Matoki Slaughter (1919-1999) fue una intérprete de música folk que tocaba el banjo.

Referencias:

Margaret Killargen

Margaret Killargen, Art21, PBS

http://www.beautifullosers.com/

Barry McGee

http://en.wikipedia.org/wiki/Barry_McGee

Hobo Art

http://www.folkartisans.com/sup/hoboart.html

Matokie Slaughter

http://www.well.com/~rachel/songbirds/matokie.html

Slaughter at the Digital Library of Appalachia