Cotidiano

 Jaime Quinto

“I like to read about people who have done nothing spectacular, who aren’t beautiful or lucky, who try to behave well in the limited field of activity they command, but who can see, in little autumnal moments of vision, that the so-called “big” experiences of life are going to miss them; and I like to read about such things presented not with self-pity or despair or romanticism, but with realistic firmness and even humour, the is in fact what the critics would call the moral tone of the book.”
Philip Larkin, 23 de agosto de 1965.

Este párrafo está extraído del libro First Boredom, then fear, una biografía sobre el poeta inglés Philip Larkin que compré en la librería Shakespeare and Co. estando de vacaciones en París. Antes de comprarme este libro en concreto, recuerdo haber estado leyendo, a propósito de mi visita, un libro sobre escritores que habían vivido y escrito en la ciudad en algún momento de su vida. Escritores franceses y otros venidos de diferentes países de Europa y EE.UU. llegaban a París en busca de éxito y reconocimiento. Estos artistas y escritores se convertirían en protagonistas de anécdotas más o menos increíbles que el libro señala como auténticas forjadoras de ese espíritu libre que marcaría toda una época en la vanguardia cultural europea de mitad del siglo XX.

En las antípodas de todo esto, Philip Larkin.
Después de una primera fase influido por la poesía de Yeats, del que le atraía la musicalidad de su verso, Larkin encontró voz propia acercándose a elementos cotidianos de la vida de provincias en la Inglaterra de los 60. Sus temas podrían resumirse en “escribir sobre gente normal haciendo cosas normales”.
Después de graduarse en Oxford empezó a trabajar de bibliotecario y a escribir a media jornada. Esto le supuso un gran alivio al no tener que vender su literatura para sobrevivir. Aunque nació en Coventry, vivió y trabajó la mayor parte de su vida en Hull, ciudad ésta donde encontró el ritmo vital adecuado para inspirar sus mejores versos.

Muchos lo tildaron de racista, misógino y conservador, basándose tanto en los elementos que su poesía destilaba como en la correspondencia que mantenía con el escritor Martín Amis, con quien mantuvo una amistad durante toda su vida. Como poeta fue criticado por tratar temas poco elitistas en su obra. Lo que, hablando ahora sobre fotografía, me hace recordar el revuelo que supuso la aparición de los primeros trabajos en color de William Eggleston. Éstos fueron cuestionados también por la supuesta ilegitimidad temática de sus instantáneas y por el uso de carretes en color para las mismas, que en aquel momento el mundo de la fotografía profesional consideraba algo amateur.
Este paralelismo me hace pensar en una de sus fotografías: vemos un triciclo de niño en primer plano y, al fondo, la típica casa americana en las afueras. William Eggleston fotografía lo que le rodea en su tranquila vida en los suburbios, aunque a priori el tema no sea “digno” de ser fotografiado. Eggleston merodea por ese restringido campo de acción que se limita a zonas residenciales, pequeñas tiendas de barrio o grandes almacenes. Nunca ha sido un fotógrafo viajero en pos de desvelar la verdad del estado del mundo.
Al mismo nivel podríamos hablar del poema de Larkin The large cool store, en el que describe cómo está organizada la ropa en unos grandes almacenes de una ciudad de provincias de la Inglaterra de los 60. Quizás el equivalente a los suburbios en las ciudades americanas. Y es que, al igual que Eggleston, Larkin sabe extraer poesía, literalmente en este caso, de momentos sin trascendencia aparente. Detectan epifanía y significado donde la mayoría de las personas solo vería rutina e irrelevancia. ¿Y no está hecha precisamente de esto la vida de la mayoría de la gente?

“My life is as simple as I can make it. Work all day, cook, eat, wash up, telephone, hack writing, drink, television in the evenings. I almost never go out. I suppose everyone tries to ignore the passing of time: some people by doing a lot, being in California one year and Japan the next; or there’s my way—making every day and every year exactly the same. Probably neither works”
(Philip Larkin, entrevista en The Paris Review)

First boredom, then fear, Richard Bradford. 2005, Peter Owen Ltd., London.

The Paris Review, Philip Larkin, The Art of Poetry No. 30

Barcelona, 31 de octubre de 2010.