Los expertos en sectas afirman que hay que cumplir tres requisitos para poder llamarte líder de una secta: ser la única fuente de autoridad para tus seguidores; ser carismática y persuadir a los demás de que hagan cosas que les perjudican; y aprovecharte de tus seguidores económicamente, sexualmente o de otro modo. La australiana Anne Hamilton-Byrne cumplió estas tres condiciones con entusiasmo y se convirtió en madre, jefa, gurú, profesora y reencarnación de Jesucristo para los miembros de The Family.

Además del nombre, (cualquier cosa que se llame Family está destinada a ser un espanto), también compartía con el grupo de Manson el uso constante de LSD como ayuda para subyugar a sus adláteres. También igual que la familia de jipis californianos del retaco cantautor, la australiana buscó un entorno aislado y lejos de las miradas de la civilización para montar su chiringuito. Si los primeros se instalaron en un rancho en mitad del desierto, los segundos se hicieron con una casa, que bautizaron Kai Lama, cerca de un enorme lago a tres horas de Melbourne. Aquí no acaban las similitudes con el archiconocido grupo de tarados de Manson, pero empecemos por el principio de esta historia de tintes rubios, niños confinados y mesías.

Cómo montar una secta en los 60

Hamilton-Byrne nació en Melbourne (Australia) en 1921. Su madre sufría esquizofrenia paranoide, que le fue diagnosticada después de prender fuego a su pelo en la calle. Murió joven en un psiquiátrico, lejos de su hija. El padre de Anne no terminó de ver claro lo de cuidar de una niña él solo y Anne (nombre real: Evelyn Edwards) pasó gran parte de su infancia en orfanatos, en condiciones de implacable pobreza y falta de cariño.

Con 20 años, Evelyn/Anne se casó con un tipo llamado Lionel Harris. Tuvieron una niña, Judith, antes de que Lionel muriera en un accidente de tráfico. Cuando se quedó viuda, Anne empezó a practicar yoga obsesivamente y a adentrarse en las ideas de algunos gurús indios. Con la llegada de los años 60, en Melbourne estaba apareciendo el mismo interés por el misticismo y el yoga entre las clases medias que en otros países occidentales. Anne no tardó en encontrar alumnos para sus clases de yoga con unas pinceladas de autoayuda, sororidad y experimentación lisérgica.

Algunas de sus seguidoras más leales en la secta fueron antiguas alumnas de estas sesiones de yoga. Su especialidad eran las esposas aburridas y atrapadas en matrimonios tristes a la caza de una salida espiritual a su desesperanza. Los hombres también picaban a mansalva, y es que los profesionales que no querían verse a sí mismos como unos squares buscaban el sentido de la vida en las filosofías exóticas llegadas de la otra punta del mundo.

Pero no penséis que estas ínfulas jipis habían hecho que Anne se encostrara. Al contrario: en un delicioso giro estético que es harto improbable que pudiéramos presenciar hoy en día, Anne se aficionó a los retoques estéticos en el rostro para restarse años y a usar pelucas rubias, bien de cardado. The higher the hair, the closer to God. En la mayoría de fotos de esta época aparece con collares de perlas y unas inmensas gafas de sol para protegerse de los rayos solares australianos. La distinguida Anne, con sus pendientes de perlas y sus moños rubios, fluía como agua entre abogados, médicos, profesores, enfermeros y psiquiatras.

hamilton byrne 3

En 1965 nuestra protagonista volvió a casarse y esta vez lo hizo con alguien que tenía contactos en la universidad de Melbourne. El matrimonio fue breve pero, antes de divorciarse del tipo, llamado Michael Riley, Anne tuvo tiempo de apuntarse una victoria trascendental para la creación de The Family con el profesor Raynor Carey Johnson.

1964: el profesor

Johnson era un ilustre estudioso de las religiones y la física que en 1934 llegó a la universidad metodista de Melbourne desde Inglaterra. No lo contrataron para dar clase, sino como master o director de una facultad. El sabio Raynor trató de cambiar el funcionamiento de la rancia universidad durante 30 años, pero cayó derrotado ante la resistencia del sistema. Cuando asumió el chasco, empezó a desviarse cada vez más de la enseñanza de la ciencia para acercarse al esoterismo y la parapsicología. Publicó cuatro libros sobre la relación entre ciencia y espiritualidad con títulos como El camino espiritual o El esplendor cautivo que vendieron un disparate.

La carrera de Johnson es un clarísimo caso de brillante científico digerido por el agujero negro del misticismo de la década de los 60. A principios de la década, llegó a visitar la India en una especie de viaje oficial en el que fue recibido por el presidente del país, el filósofo y religioso Sarvepalli Radhakrishnan. A la vuelta, el matrimonio Johnson se marcó el clásico «India nos ha cambiado la vida» y compró una propiedad en las montañas de las afueras de Melbourne. La llamaron Santiniketan (o casa de paz). Allí organizaban fines de semana de filosofía y recomendaban a sus seguidores que fueran a las clases de yoga de, voilà, Anne Byrne-Hamilton (que aún no tenía tan aristocrático apellido).

Cuenta la leyenda que Anne Byrne-Hamilton convenció al brillante Raynor Carey Johnson de que ella era el mismísimo Jesucristo con una artimaña de vidente de barrio. Su marido, el ya mencionado Michael Riley, era el jardinero de los Johnson. Suponemos que Anne le sonsacó o que Michael estaba en el ajo; sea como fuere, una noche Anne se presentó en la casa del matrimonio, con su glamuroso cabello rubio y su cautivadora sonrisa, para decirles que había tenido una visión: iban a viajar a India y la esposa iba a enfermar allí. También les aclaró que ella era el mesías y que Johnson iba a ser su Juan Bautista. Sorpresa.

Parece que la combinación de atractivo y verbosidad de Anne Byrne-Hamilton fueron demasiado para el veterano profesor, que se tragó la pastrana y la adoptó —o más bien se dejó adoptar— como su nueva guía espiritual.

El mal viene en formas bellas

La leyenda de Anne Hamilton-Byrne se consolidó cuando empezó a adoptar costumbres de lo más místicas, como tocar el arpa, ponerse solo vestidos azules (su color favorito) y entrar a las estancias acompaña de su propio tema: Largo, de Haendel. Fue decisivo para captar a tanto profesional de clase media su conocimiento de las corrientes que estaban más de moda en los 60. Podía darte una buena chapa sobre misticismo y éxtasis. Había estudiado la teosofía de Madame Blavatsky, la antroposofía de Rudolf Steiner y los imprescindibles gurús indios que eran la plaga de la época en Occidente, como Paramahansa Yogananda o Swami Muktananda. Además, pasó años experimentando con la meditación, el hatha yoga y el electrizante LSD, suministrado por varios de sus amigos médicos o enfermeros psiquiátricos.

Junto con la reputación del profesor Johnson, esta red de profesionales con acceso a drogaína solo al alcance de los que trabajan en clínicas fue el factor clave que propulsó a Hamilton-Byrne de profesora de yoga con ínfulas a líder de un grupo de más de 500 acólitos que se llamaba a sí mismo The Family o The Great White Brotherhood.

1968: el tiempo corre hacia su propio interior

El final del decenio de los sesenta es terrorífico para las sectas. En la infecta The Children of God (nada originalmente conocida como The Family International), el sosias de Rasputín David Berg explota a sus seguidoras adolescentes entre diatribas contra judíos y negros. En Los Ángeles, unas aprendices de psicópata azuzadas por Manson se dedican a poner los vellos de punta a los vecinos de las mansiones en las colinas. Decenas de gurús indios convencen a sus seguidoras para yacer con ellos con la excusa de la iluminación y el amor libre.

Es el histérico fin del experimento de los 60.

En el 68, Anne formó una pareja estable con Bill Byrne y ambos adoptaron el apellido Hamilton-Byrne. Una auténtica power couple. Ya en equipo, empezaron a adoptar niños a diestro y siniestro. Sobre todo siniestro. Tenían planes para ellos: prepararlos para heredar la tierra, mantenerlos delgados, enseñarles hatha yoga desde su más tierna infancia, crear jóvenes de disciplina férrea y mejorar su capacidad mental. Todo para que continuaran el trabajo de la secta después del apocalipsis.

Unseen, unheard unknown era el lema de The Family. Por eso el sabio Johnson no mencionaba a la secta en sus superventas. Por eso tenían a 30 de niños de todas las edades encerrados en una casa en mitad de la nada, pero convenientemente cerca de Melbourne. Los niños son la parte más espeluznante de la historia de esta secta.

Los niños rubios que heredarán la Tierra

Lo sé, os estáis preguntando quiénes eran estos niños y cómo es posible que los Hamilton-Byrne adoptaran 30. Ya hemos hablado del grupo de colegas de Anne, ¿verdad? Pues los que trabajaban en psiquiátricos no tenían muchas dificultades para traerle niños que sus madres con problemas mentales (léase: madres solteras, deprimidas o pobres) daban en adopción. O, simplemente, se llevaban al niño de la clínica y a la madre se le decía que había muerto. También había niños que ya habían nacido dentro de la secta y cuyos fervorosos padres entregaban al matrimonio para que creara una nueva raza superior.

Los detalles sobre cómo vivían los niños en Kai Lama describen una mezcla de campo de concentración nazi, El cuento de la criada y un ashram. A los niños se les teñía el pelo de rubio para que parecieran hermanos. Las niñas lo llevaban largo y los niños, todos, cortado a lo tazón. Imagina el cuadro. Les hacían vestirse de manera idéntica a menudo, les contaban que eran todos hijos de Anne, con variaciones entre quiénes eran mellizos o trillizos y dónde había nacido cada uno, incluso les cambiaban el nombre cada cierto tiempo. En la casa vivían sin electricidad ni generadores hasta los 80. Las aunties traían agua del pozo y por la noche encendían lámparas portátiles, a veces.

niños kai lama

Las aunties, igual que las aunts de la novela de Margaret Atwood, eran las encargadas de vigilar a los rapaces. Convivían con ellos y eran, digamos, el brazo ejecutor de Hamilton-Byrne. Los niños de la secta que han contado su experiencia hablan de la falta de cariño que sufrieron en la casa, rodeados de esta especie de sirvientas depravadas (lavaban la ropa a mano, tenían que usar lámparas de gas) que no parecían sentir ninguna empatía por ellos.

Anne y Bill viajaban continuamente a Inglaterra y Estados Unidos y pasaban poco tiempo en Kai Lama. Eran las aunties las encargadas de vigilarlos, castigarlos con la correa y asegurarse de que cumplieran a rajatabla las normas de The Family, que eran tantas que la mayoría de niños se despistaba y recibía por lo menos una vez a la semana. Los motivos para que te calentaran el trasero o te dieran una ducha helada eran cientos: hacerse pis en la cama, no haber limpiado bien su rincón del dormitorio compartido, haber engordado unos gramos, no haber ejecutado a la perfección una postura de yoga y muchas otras fruslerías que sacaban de sus casillas a Anne.

Los niños seguían una dieta vegetariana y, según explican en entrevistas, desayunaban y cenaban fruta barata que las aunties traían de los excedentes del pueblo, y solo comían un plato caliente de arroz al día. Los niños tenían prohibido comer nada fuera de su régimen oficial, así que acababan robando la comida de los pájaros o intentando entrar a escondidas a la cocina so pena de paliza con el tacón stiletto de la gurú.

Como prueba insuperable de la crueldad de The Family con sus niños, cada día les administraban tranquilizantes. Así se aseguraban de que no habría resistencia ni intentos de huir, pero también se moldeaba la experiencia sensorial de los niños: torpeza en vez de agudeza mental, aburrimiento en vez de creatividad. También había normas para jugar: las niñas con las niñas y los niños con los niños. Anne les enseñó un juego que les ayudaría a unir su cuerpo y su alma. Ella lo llamaba Spaceball y consistía en colocarse en un círculo y lanzarse una pelota en el orden correcto lo más rápido posible. Les hizo jugar cada día durante meses, hasta que los niños empezaron a esconderse para no tener que participar en tal cretinismo.

Going-through

Si todo lo anterior te ha provocado escalofríos, ahora imagina esto. Tienes 14 años y siempre te han dicho que Anne y Bill son tus padres. De Anne todo el mundo que conoces dice que es el mesías, la reencarnación de Jesucristo, dueña de la verdad absoluta y omnipotente. Afirma que puede leerte la mente y tú la crees, porque una vez en meditación te castigó diciéndote que no estabas meditando, sino pensando en qué ibas a desayunar. Y era verdad, porque pasas cada minuto despierta fantaseando con comida, aunque sea un plátano pocho.

Ahora ha llegado el momento de tu iniciación en The Family y sabes lo que eso significa: encontrarte a ti misma alucinando con LSD. Te aterroriza la idea, pero no se te pasa por la cabeza negarte. ¿Qué podrían hacerte? Solo tirarte a la calle, dejarte huérfana, sin tus hermanos, sin casa y sin identidad.

Anne te lleva a una habitación con una cama y una ventana cubierta para que no entre la luz del sol. Después, te ofrece una dosis de LSD y te deja sola en una habitación completamente oscura durante horas. No tienes ni idea de cuánto tiempo ha pasado. Desde la dimensión en la que estás alucinando desde hace quién sabe cuánto tiempo, ves la puerta abrirse. Es Anne preguntándote quién crees que es ella. Sabes que si contestas lo que quiere oír, puede que te deje salir y te cambie el nombre, para darte una nueva oportunidad de alcanzar una consciencia superior. Pero si decide que aún no has trabajado lo suficiente en tu paso al otro lado, te dará otra dosis de LSD y te dejará más tiempo a oscuras.

El LSD era un sacramento en The Family, así que el rito de going-through, como lo llamaba Anne, era uno de los momentos más importantes en la vida de los niños. Anne usaba los efectos alucinógenos de las sustancias para interrogar a los niños. Podía sonsacar a un adolescente sus dudas sobre su sexualidad para hacerle sentir como un engendro o convencer a una púber de que era una zorra que quería ser violada sin saberlo.

La diosa madre de la naturaleza

Las enseñanzas de Hamilton-Byrne eran un comistrajo new age de filosofías orientales, ideas cristianas y esoterismo apocalíptico. Afirmaba, como hemos dicho ya, que era la reencarnación de Cristo y que tenía una misión: anunciar el fin del mundo y salvar a sus seguidores del desastre que acabaría con la vida en el planeta. ¿Te recuerda a alguien? ¿A otros cien líderes de sectas, quizás?

He intentado leer sobre las creencias de la Great White Brotherhood, pero mi comprensión se cierra en banda ante la sibilina palabrería inaccesible para los no iniciados. Lo poco que mi abrasado cerebro ha entendido de esta hermandad es que se consideraban místicos, hombres y mujeres ascendidos que decidieron permanecer en la Tierra para ayudar a la humanidad. Supuestamente, la hermandad ha existido tanto tiempo como los humanos y sus miembros más célebres son Confucio, Jesús de Nazaret, Buda y Moisés. Ah, y la virgen María.

En The Family, las creencias venían de un cóctel de cristianismo, hinduismo y las filosofías orientales más de moda en Occidente en los 60: nuestro amigo Osho, Meher Baba y demás maestros espirituales de las masas.

Como buena líder de una secta, Anne estaba delicadamente interesada en las posesiones de sus seguidores. Estos le donaban dinero para mantener su estilo de vida aristocrático, para construir capillas desde donde impartir sus discursos y para mantener a su creciente familia. Igual que Charles Manson, Anne controlaba quién se acostaba con quién, aunque en este caso sus órdenes iban más bien en la dirección del intercambio de parejas tan de moda en la época. Por ejemplo, ordenó a una pareja de seguidores que había perdido a un hijo que se separara y cada uno empezara una nueva relación con otros dos acólitos, que a su vez tuvieron que separarse de sus cónyuges.

Varias mujeres de la secta llegaron a practicarse intervenciones de cirugía plástica y usar una peluca rubia no muy distinta de las que lucía su líder. Una de las fotografías más famosas de Anne Hamilton-Byrne es un retrato en blanco y negro con el pelo hamilton byrneperfectamente peinado en un moño (100 % peluca), como una heroína de Hitchcock, con una niña a la que quieres sacar de esa foto como sea, en una pose sofisticada aunque amorosa. Esta fotografía era la que usaban muchos de sus seguidores para montarse un altar en una habitación pintada de azul en su casa, donde podían adorarla a salvo de las miradas de sus compañeros de trabajo.

Los niños tenían que dedicar 15 minutos cada día a escuchar uno de los discursos de la gurú, en una grabación si estaba de viaje o en persona cuando volvía a Kai Lama. Mientras tanto, el profesor Raynor Johnson usaba psilocibina para alcanzar un estado superior de consciencia, donde podía encontrarse cara a cara con su maestra.

Peste a gato

Sarah Hamilton-Byrne, que había crecido en Kai Lama, no era hija biológica de Anne. Ninguno de los niños que vivían en la remota casa lo era, pero todos llevaban su apellido y el de su marido. La madre de Sarah se había quedado embarazada cuando era adolescente y decidió darla en adopción. La mala suerte quiso que acabara en las nefandas manos de los Hamilton-Byrne. En 1987 Sarah tenía 17 años y se había convertido en la adolescente rebelde de Kai Lama, la oveja negra de la familia más disfuncional de Australia.

La gurú decidió expulsarla de la casa donde había pasado prácticamente toda su vida para impedir que siguiera agitando a los demás niños. Parece que no se le ocurrió que quizás si Sarah contaba cómo la habían tratado, la policía no pensaría «Oh, qué maravilla de infancia vegana». Y, efectivamente, Sarah acudió a la policía a contar las palizas, el ayuno y los castigos, ayudada por una familia a la que había conocido en una clase de bailes de salón.

A los pocos días, hubo una redada en Kai Lama. Uno de los agentes de policía que entró a la casa se quejó de lo oscura que estaba (las bombillas no podían tener más de 20 W, para que nadie viera las arrugas del rostro de Anne) y de lo que apestaba a gato.

Tras la redada, los Hamilton-Byrne corrieron a refugiarse en las montañas Catskills del estado de Nueva York, donde permanecieron sin que los encontraran hasta el 93, cuando les pillaron por llamar por teléfono a Australia. Después de ese tiempo, los extraditaron para ser juzgados por los Aussies, pero solo se les condenó a pagar una multa (en absoluto millonaria) por falsificación de certificados de adopción y nacimientos. Las finanzas turbias son otro rasgo común entre los líderes de las sectas y nuestra doncella no fue la excepción. Anne Hamilton-Byrne fue millonaria durante casi toda su vida gracias a las donaciones de los miembros de The Family, que debían darle el 10 % de lo que poseían. El matrimonio tenía casas en Nueva York e Inglaterra, además de en Australia, y viajaba entre continentes como si nada.

Lo más pútrido de esta historia es que Bill murió por causas naturales en 2001, en libertad, y que Anne vivió el resto de su vida sin pisar la cárcel porque empezó a sufrir demencia en 2004, uno de los supuestos para que no puedan llevarte a juicio en Australia. Murió con 97 años en una residencia de ancianos de Melbourne. Por lo visto se dedicaba a acunar a una muñeca de plástico en sus últimos años, porque echaba de menos a los niños.

Extra:

Julian Assange, ese inquietante alborotador de cabello níveo, tuvo contacto indirecto con The Family a finales de los 70, cuando su madre tuvo una relación romántica con un miembro de la secta. Afirma que nunca conoció a Hamilton-Byrne ni vivió en Kai Lama pero, ey, esto explicaría muchas cosas.

Begoña Mansilla, abril de 2020