El guardaespaldas tiene muy mala fama, lo cual me parece una injusticia histórica que me encantaría rectificar. No, no es tan rancia como piensas.

Un día de entrega de notas en sexto de EGB, mi madre me regaló tres películas de Costner en VHS en una bolsa de El Corte Inglés. Me dio un beso y me entregó las cintas en el aparcamiento de casa. A mi yo de 11 años, pálido, pecoso y flaco como una escoba, le encantaba Kevin Costner. Yo la miré confusa porque no entendía. ¿Regalos? ¿Por sacar buenas notas? Fue la primera y última vez.

En 1992, año de estreno de El guardaespaldas, Kevin Costner era el tenorio de algunas niñas y de todas las señoras. Ahora que tengo más de 35 años y me llamo a mí misma «señora», veo todo esto, pero con 11 años, el amor me tenía cegada.

En este machacataquillas de los noventa, Whitney Houston es Rachel Marron, una famosísima cantante y actriz en la cumbre del éxito y la belleza postochentera. Poco misterio: se interpreta a sí misma. En el 92, Whitney Houston era una estrella del pop en ascenso, con tres discos que habían vendido una barbaridad, conciertos por todo el mundo y fans que se mataban por comprar sus sencillos. Young, gifted and black. Es en este contexto cuando le ofrecen un papel protagonista para su debut en el cine. Ahora sabemos que durante el rodaje de El guardaespaldas ya estaba enganchada a varias sustancias ilegales, pero ese es otro tema.

En la película, su interés romántico es un guardaespaldas exagente de los servicios secretos que responde al resultón nombre de Frank Farmer y que está interpretado por un Kevin Costner ya en ligera decadencia estética, si lo comparamos con No hay salida (1987), aunque aún de muy buen ver. (De hecho, acabo de buscarlo en Google, y aún estaba de muy buen ver, si Costner te provocaba algún tipo de cosquilleo por algún sitio, con esos ojos de hombre tranquilo y ese corte de pelo homenaje a Steve McQueen que algunos describirían como de carroza con entradas).

whitney

Por si no os acordáis, antes de empezar a cagarla con películas muy locas (véase Waterworld), Costner fue una megaestrella, director premiado en los Óscar por Bailando con lobos y actor dirigido por De Palma, Eastwood y Stone. Era el sex symbol aburrido de Hollywood, el Brad Pitt de la época, menos la actitud y las mechas. Un señor siempre peinado con sensatez, que llevaba pantalones caqui y tenía pintas de padre, aunque con ojos azules y excelente altura. Bueno pa casao, como dice mi amiga Carmen.

Empecemos por lo obvio: El guardaespaldas está protagonizada por una pareja interracial. Rachel Marron es negra y Frank es blanco, hecho que no causa ningún conflicto en el guion. Esto ya es un punto, porque estamos hablando de una película romántica del 92 con jugueteos en la cama y que incluso sugiere la idea de la familia feliz con el hijo de ella. Además, el séquito de Rachel está formado por negros y blancos, y la tensión racial brilla por su ausencia, sin que tampoco haya multiculturalidad metida con calzador para hacer una película correcta, como parece en la mayoría de superproducciones de hoy.

Otra cosa bastante fresca es que en ningún momento se habla de que Rachel Marron es madre soltera. Es decir, Fletcher, su adorable niño, aparece por primera vez barquito en mano y no hay ninguna explicación dirigida a Frank ni al público de que es el resultado de la inexperiencia sexual de Rachel o cualquier justificación rancia. El niño está ahí y no tiene padre, sin más. Además, desde el principio está claro que Rachel no va buscando un papá para su hijo, sino meterse en los pantalones de Frank. La primera vez que lo ve, Rachel echa chiribitas por los ojos mientras el guardaespaldas parece estar incómodo y un poco cabreado en el ambiente de algarabía y homosexualidad chez Marron. De este choque cultural entre el rígido guardaespaldas y la alocada cantante solo pueden surgir cosas buenas, claro.

Por otro lado, me temo que aunque Rachel no lo haga, la película sí cae en ocasiones en la artimaña del niño en busca de un padre. El pequeño Fletcher, que tendrá unos 8 años, se ve atraído por Frank Farmer nada más verlo, como si sus pantalones beis lanzaran ondas electromagnéticas de figura paterna. La película no se corta y crea momentos con primeros planos de Frank diciéndole muy serio al niño: «No me gusta ese lenguaje, Fletcher». El chaval podría pasar de él, porque al fin y al cabo es un empleado de su madre, pero no, porque a sus ojos Frank es la figura de autoridad y heterosexualidad en esa mansión de mánagers sin corbata y bailarines con mallas.

Volviendo a lo que sí me gusta de El guardaespaldas, quiero hablaros de mi escena favorita. En ella, Rachel le pide una cita a Frank con la excusa de que no puede salir con nadie más porque se sentirían cohibidos ante él. Es una escena dulce, divertida y con Whitney Houston en modo novia de América. El guion hace una (típica) concesión a la heteronormatividad cuando Rachel dice: So I thought you could take me out o algo parecido. No recuerdo cómo se tradujo a español, pero en inglés es una manera de pedir salir a alguien dándole el control. Aun así, es ella la que busca a Frank con toda la idea de, sí, cenar con él y meterse en sus pantalones. Y es su jefa, pero eso tampoco se considera digno de mención ni parece ser un obstáculo moral para ninguno de los dos. Qué frescales los noventa.

costner

La cita de Rachel y Frank es una escena bastante digna, pese (o quizás en parte debido) a que el escenario es un bar de fritanga con pinta de servir palitos de mozzarella rebozados y poco más. Kevin Costner deja que Houston se curre el diálogo mientras él bebe cerveza y se escuda en silencios y miraditas de reojo. Durante unos segundos, llegas a preguntarte por qué Rachel tiene que sacarle cada palabra haciendo palanca y si no le estará dando un poco de pereza el señor Farmer. Pero no, amigos, es que los roles habituales de Hollywood están invertidos: la mujer está haciendo el trabajo sucio, preguntando todo lo que le pasa por la cabeza, intentando averiguar de manera poco sutil si ha estado casado y lanzándole un piropo de lo más sugestivo que suele reservarse a los protagonistas masculinos:

Rachel: Have you ever loved anyone?

Frank: Yes, but she stopped loving me, can you imagine?

Rachel: No, I can’t.

En fin, la escena funciona y culmina en uno de los momentos icónicos del cine de los 90, cuando la pareja baila la canción de Dolly Parton que al final de la película se convierte en la archiconocida «I will always love you» con el zarpazo de voz de Houston.

Otra escena megafamosa y llena de detalles: Frank y Rachel van a tomar la última a casa del guardaespaldas. No vemos quién tiene la idea, pero apuesto a que Rachel prácticamente se cuela dentro de la casita de invitados donde se aloja. Una vez allí, encuentra en una espada colgada en la pared el instrumento de seducción ideal para llevarse al huerto a su desabrido guardaespaldas. Blandiéndola a lo samurái mona, va acercándose al sofá desde el que la observa Frank mientras se bebe un zumo de naranja (y van como diez ya en la película). Hay que ser muy audaz para intentar seducir a un tipo que está bebiéndose un zumo en vaso de tubo.

La escena continúa con Frank quitando el pañuelo de alrededor del cuello de Rachel muy despacio y con ojos de intenso. Luego, Look at this o algo por el estilo. La pantalla muestra el pañuelo suspendido en el aire durante un segundo y abriéndose como un paracaídas. Topa con el filo de la espada, que lo corta limpiamente, como un cuchillo atravesando mantequilla que olvidaste meter en la nevera. Después de presenciar cómo su empleado se ha cargado alegremente el accesorio sin el que su look es de lo más básico, Rachel solo puede esperar a que por fin le dé alguna señal. Y vaya si se la da: tirón delicado del brazo para acercarla a él y beso antiguo al canto. Otra vez tenemos a Rachel tomando la iniciativa, esta vez usando acero oriental, y dejando que Frank dé el último paso.

Si hay un momento de El guardaespaldas que no entiendo en absoluto, si hay un plano que hace que me cuestione si estoy sobrevalorándola y preguntarme si no será otro truño sin alma salido de la churrería de taquillazos de los 90, es uno que transcurre en el dormitorio de Rachel. Acaban de volver a casa después de una actuación que ha acabado con la cantante en manos de una masa enfervorecida de jóvenes modernos. Frank la arranca de las garras de estos fans vestidos de cuero con ayuda de un extintor, la coge en brazos y la deposita en la limusina. Ahora Rachel parece estar en estado catatónico. Pues bien, cuando llegan a casa, Frank la ayuda a acostarse en su dormitorio y aquí viene el plano desconcertante: Frank apartando unas muñecas antiguas de la cama de Rachel. Sin mover una ceja. Estrella del pop adulta duerme con muñecas aparentemente de porcelana. ¿Por qué dejaron ese plano en el montaje? ¿No había otra manera de mostrar la cara vulnerable de Rachel sin humillarla?

bodyguard end

En relación con el plano de las muñecas infernales, anoche estaba documentándome para este artículo (viendo vídeos de Kevin Costner cuando era un joven garañón) y topé con una escena eliminada del montaje final de El guardaespaldas. En ella, Frank seguía llevando a Rachel hasta el dormitorio, pero en vez de ocuparse rápidamente de las muñecas de pesadilla, la ayudaba a sentarse en la cama y le quitaba las botas, los guantes y las medias. Supongo que el director la rodó pensando que era una escena muy sexy, como muy contenida, con Rachel semidesnuda y Frank aguantando el tipo para no poseerla en ese mismo instante. Sin embargo, la escena es terrorífica, con Rachel en estado de shock y Frank desnudándola sin que ninguno de los dos diga ni una palabra. Solo silencio y cara de culpabilidad de un Kevin Costner que parece dudar de lo que está haciendo sea legal. Tampoco ayuda que la única directriz que le dieron a Whitney Houston para esta escena fuera blank face. Por suerte, quedó fuera del montaje final y podemos seguir pensando que Farmer es un buen tío y no un violador en potencia.

Otro punto a favor de El guardaespaldas es que no tiene un final feliz. O no en el sentido habitual de las superproducciones con una relación romántica de por medio. Rachel y Frank trabajan juntos, se desean, se pelean y, cuando llega el momento de separarse, pues se separan. Rachel Marron se escapa un minuto de su avión privado, para disgusto del piloto y los controladores aéreos, suponemos, para besar por última vez a Frank Farmer antes de volar a la otra punta del mundo. Si crees que va a renunciar a ser una estrella por amor, la llevas clara.

Conclusión: El guardaespaldas, que me metí en vena antes de que me bajara la primera regla, tiene tics de superproducción de Hollywood y tiene valores que no nos llaman la atención hoy, pero ojo, porque no es tan rancia como piensas.

Begoña Mansilla, febrero 2020